Ante la reunión del Consejo Europeo de este jueves 18 de junio y viernes 19 de junio, en la que los jefes de Estado y de Gobierno debatirán por primera vez la propuesta de negociación de la Presidencia chipriota para el próximo Marco Financiero Plurianual (MFP) 2028-2034, la denominada «negobox» en el argot comunitario, ASAJA considera oportuno trasladar la valoración realizada por Copa-Cogeca sobre un documento que marcará el rumbo de las negociaciones presupuestarias y, en particular, el futuro de la Política Agraria Común (PAC).
El 11 de junio, la Presidencia chipriota del Consejo presentó su enfoque de negociación sobre cómo alcanzar un consenso entre los Estados miembros sobre el próximo presupuesto de la UE, basado en la propuesta de la Comisión Europea y su estructura de fondo único. Copa y Cogeca, organización en la que ASAJA ostenta una vicepresidencia, lamenta que la base de referencia propuesta para la dotación agrícola simplemente no refleja los retos de seguridad alimentaria y transición que surgirán durante el período.
El marco de negociación mantiene la PAC mediante un reglamento específico consagrado en los Tratados, e introduce un mecanismo de seguridad para garantizar la continuidad de las ayudas a los ingresos de los agricultores en 2028 en caso de retraso en su aplicación, además de confirmar que los recursos derivados de la degresividad y la limitación máxima seguirían destinados a las ayudas a los ingresos agrícolas.
Sin embargo, aunque el paquete evita nuevas reducciones del presupuesto de la PAC y eleva ligeramente el de la Política Pesquera Común respecto a la propuesta de la Comisión, carece de la ambición necesaria para una PAC sólida capaz de responder a los retos crecientes. Además, si se tiene en cuenta el Fondo Europeo de Competitividad, se propone un recorte de casi el 5% para la línea agrícola.
Estos elementos no pueden interpretarse como un avance: mantener la PAC en torno a los 293.700 millones de euros implica un presupuesto significativamente menor en términos reales respecto al periodo actual, por lo que resulta imprescindible un mecanismo de respuesta rápida a la inflación. La arquitectura general se mantiene sin cambios relevantes y sigue generando dudas, ya que al integrar la PAC en el Fondo Único y en los Planes de Asociación Nacionales y Regionales (NRPP) se corre el riesgo de diluir su carácter común y aumentar la competencia con otras prioridades nacionales.
Asimismo, el ajuste por inflación, el objetivo rural del 10 %, los mecanismos de flexibilidad, los porcentajes de cofinanciación, el uso de los fondos de la revisión intermedia y los parámetros clave de los pagos directos continúan entre corchetes, pendientes de decisión política, lo que no son meros aspectos técnicos, sino elementos determinantes para la viabilidad futura de la PAC.
ASAJA, en línea con Copa-Cogeca, defiende que la preocupación fundamental sigue siendo la misma: la brecha cada vez mayor entre las expectativas y los medios. Más allá de las cifras, la cuestión es la coherencia de la visión agrícola de la UE. No es coherente reducir el apoyo real a los agricultores y al mismo tiempo definir la agricultura como estratégica y elevar las ambiciones de sostenibilidad.
La propuesta de la Presidencia chipriota aún no ofrece el cambio de rumbo que reclaman los agricultores y las cooperativas agrícolas europeos, e insta a los Estados miembros y al Parlamento a aprovechar esta oportunidad para dotar a la PAC de la ambición presupuestaria, la solidez institucional y la seguridad a largo plazo necesarias para la agricultura europea y la seguridad alimentaria.
En este contexto, consideramos que el próximo Consejo Europeo será determinante para comprobar si la Unión Europea está dispuesta a respaldar con recursos suficientes las exigencias que plantea al sector agrario.
