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La presencia de la plaga no basta para tratar: claves de la Gestión Integrada en el almendro

En los muestreos periódicos de las Estaciones de Control Biológico (ECB) se constata la presencia habitual de ácaros fitófagos —fundamentalmente la araña roja (Tetranychus urticae) y la araña amarilla (Eutetranychus carpini)— en las plantaciones de almendro. Su evolución, recuerdan desde la Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía (RAIF), está estrechamente ligada a la baja humedad relativa y a las temperaturas altas, factores que aceleran su ciclo biológico mediante el solape de generaciones.

Los síntomas iniciales se localizan en las hojas en forma de decoloraciones o punteados cloróticos en el haz, debidos a las picaduras de alimentación en el envés. En ataques mantenidos pueden derivar en defoliaciones que comprometen el engorde del fruto actual y la brotación del año venidero. En el marco de la Gestión Integrada de Plagas (GIP), se recuerda que la mera presencia de la plaga no justifica la realización de tratamientos químicos.

De acuerdo con los reglamentos de Producción Integrada para frutales de cáscara, se establece un umbral de tratamiento del 20% de hojas ocupadas con formas móviles, o un umbral corregido del 10-15% en plantaciones jóvenes o con antecedentes de daños graves la campaña anterior. La toma de datos debe basarse en la revisión regular de un mínimo de 10 hojas por árbol en 20 árboles por cada sector homogéneo de la explotación. Antes de cualquier decisión de control químico, es preceptivo evaluar la actividad de los enemigos naturales presentes en el envés.

Según la Guía de GIP del cultivo del almendro, los ácaros fitoseidos constituyen los depredadores más eficaces frente a los tetraníquidos. Entre los enemigos naturales destaca también el coleóptero Stethorus punctillum, cuyas larvas y adultos se alimentan de huevos, estados juveniles y adultos de estos ácaros. Dado que una de las principales causas del desequilibrio biológico es el uso inadecuado de fitosanitarios, debe darse prioridad a la conservación de la fauna auxiliar y al control biológico, recurriendo al químico solo cuando se superen los umbrales.

La situación por provincias presenta matices. En Sevilla, las comarcas de la Campiña y la Vega muestran el dinamismo más claro, acercándose de media a los umbrales en parcelas con historial previo; aquí es clave el control del polvo en lindes y caminos reduciendo la velocidad de la maquinaria, pues las partículas en el haz potencian los ácaros. En Córdoba, la incidencia en la Campiña Baja y Central se mantiene moderada, con prioridad al vigor del árbol mediante riego equilibrado; superado el 20% con fauna auxiliar escasa, procede recurrir a materias activas selectivas alternando modos de acción (IRAC) para evitar resistencias.

En Málaga, las comarcas de Antequera y el Valle del Guadalhorce reflejan presencia baja y estable, con el foco en el manejo de las cubiertas vegetales interlineales: se recomienda no realizar desbroces drásticos si albergan fauna útil, gestionando su agostamiento de forma progresiva para evitar que los ácaros migren al almendro. Jaén registra los índices más bajos, limitados a focos esporádicos en la campiña; la recomendación es continuar los muestreos y, solo ante rodales que superen el umbral, aplicar de forma localizada sobre los árboles afectados, salvaguardando el equilibrio biológico en el resto de la parcela.

Fuente: ASAJA Jaén

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