La agricultura actual afronta el reto de producir alimentos de calidad garantizando al mismo tiempo la conservación del medio ambiente y de los recursos naturales. Según explica la Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía (RAIF), el suelo constituye un recurso estratégico no solo por su función productiva, sino también por ser uno de los ecosistemas más complejos y biodiversos del planeta.
La enorme diversidad biológica presente en el suelo favorece múltiples interacciones entre microorganismos y plantas, especialmente en la rizosfera, la zona más próxima a las raíces. En este entorno, bacterias y hongos pueden influir directamente en el crecimiento vegetal, la disponibilidad de nutrientes y la sanidad de los cultivos, mientras que el microbioma endófito contribuye al desarrollo y adaptación de las plantas frente a situaciones de estrés.
El conocimiento de estas relaciones está permitiendo desarrollar nuevas estrategias de producción vegetal basadas en el aprovechamiento de microorganismos beneficiosos como complemento o alternativa a determinados insumos de síntesis química. Este enfoque encaja con los principios de la Producción Integrada, que prioriza la prevención y el equilibrio biológico en los cultivos.
Entre los microorganismos más destacados figura el género Trichoderma, considerado una herramienta biológica de gran valor para la sanidad vegetal. Su eficacia se basa en diversos mecanismos, como la competencia por espacio y nutrientes, la producción de compuestos que limitan el desarrollo de patógenos, el micoparasitismo frente a hongos perjudiciales y la capacidad de estimular el crecimiento y la nutrición vegetal.
Además, Trichoderma puede activar mecanismos naturales de defensa en las plantas, favoreciendo una resistencia sistémica que ayuda a reducir la incidencia y severidad de determinadas enfermedades. Estas características lo convierten en una herramienta especialmente útil para reforzar los programas de Sanidad Vegetal y reducir la dependencia de tratamientos químicos convencionales.
La RAIF destaca que el avance en el conocimiento del microbioma del suelo está transformando las estrategias de manejo agrícola. La gestión adecuada de este ecosistema vivo contribuye a mejorar la eficiencia en el uso de nutrientes, fortalecer las defensas naturales de los cultivos y avanzar hacia modelos de producción más sostenibles y adaptados a las exigencias actuales.
Fuente: ASAJA Jaén

