Las intensas lluvias registradas en noviembre y diciembre, el frío que llegó en enero con la oleada de nevadas en toda la provincia, junto a las últimas precipitaciones del mes de marzo, han desestresado las cepas, que sufrían una sequía crónica desde hace tres años. Los productores aseguran que las raíces están en las mejores condiciones de los últimos años y en las variedades tempranas ya estiman un aumento de producción, con respecto a la cosecha del 2016, de entre un 15% y un 20%, porcentaje que podría también ser extensivo al resto de variedades.