La organización agraria alerta de cerca de una decena de ataques en una semana en la zona de Gredos, a los que se suman otros dos en San Bartolomé de Pinares, y exige un control poblacional urgente ante los ataques en manada y las crecientes pérdidas económicas y productivas.
ASAJA Ávila denuncia la situación insostenible que soportan los ganaderos de la provincia ante una sucesión de ataques de lobo, diarios, que se agrava mientras el Gobierno de España sigue sin ofrecer una respuesta efectiva ni proporcionar seguridad jurídica para su control poblacional a las comunidades autónomas. La organización critica su inacción pese a que la Conferencia Sectorial de Medio Ambiente declaró favorable el estado de conservación del lobo en las regiones Atlántica y Mediterránea.
Mientras el Gobierno sigue sin actuar, los ganaderos pierden animales, acumulan gastos y dedican horas a gestionar las consecuencias de los ataques. “El lobo tiene un auténtico «bufé libre» en la provincia, mientras quienes mantienen las explotaciones ganaderas siguen pagando las consecuencias de la falta de medidas contundentes”, aseguran desde ASAJA Ávila.
Y es que, en la zona comprendida entre el puerto de Peña Negra, San Martín de la Vega del Alberche y Navalperal de Tormes, los ganaderos han contabilizado cerca de diez ataques en apenas una semana, repartidos entre cuatro profesionales. A estos episodios se suman otros dos ataques a sendas explotaciones de San Bartolomé de Pinares, uno de ellos la de Javier García, quien ya había denunciado cinco ataques en doce días, con cinco animales muertos, uno desaparecido y otro herido.
La preocupación aumenta porque los ataques ya no afectan únicamente a terneros recién nacidos. “Los lobos están matando también animales de dos y tres meses, que pueden llegar a consumir en una sola noche y los ganaderos aseguran haber observado grupos de tres y hasta cuatro ejemplares”, lo que incrementa su preocupación por la capacidad de estos animales para atacar en manada.
“Cuando hay un lobo solo, los daños suelen ser menores. El problema es que ahora estamos viendo tres o cuatro juntos y los ataques son continuos”, explican los afectados.
Para ASAJA Ávila, esta sucesión de episodios exige medidas inmediatas. “Esto es un festín para el lobo mientras el ganadero pierde animales día tras día. No podemos normalizar esta situación. Hace falta un control poblacional urgente”, reclama la organización.
ASAJA considera especialmente grave que el Gobierno siga sin dar una respuesta efectiva pese al pronunciamiento de la Conferencia Sectorial. “No es aceptable que se reconozca una situación favorable de conservación y se mantenga a los ganaderos sin soluciones ante ataques reiterados”.
El daño, además, no termina con la muerte del animal. Las pérdidas económicas van mucho más allá del valor de cada ternero muerto. También cuentan los animales desaparecidos, los heridos que necesitan atención veterinaria y curas diarias, y las consecuencias del estrés sobre el conjunto del ganado.
“Cuando una vaca pasa horas defendiendo a su cría durante un ataque, puede terminar agotada. El episodio altera además al resto de los animales, que reaccionan ante el peligro y pueden agruparse para proteger a los terneros. El estrés y el agotamiento pueden repercutir en la salud y el rendimiento reproductivo del ganado, mientras que las vacas en plena lactación requieren vigilancia ante posibles problemas sanitarios, como las mamitis”.
Cada animal herido exige curas y seguimiento, lo que añade trabajo y gastos a unas explotaciones que ya soportan pérdidas por las bajas. Por ello, ASAJA Ávila insiste en que el coste real de un ataque no puede limitarse al precio del animal muerto: deben contemplarse también las lesiones, los cuidados y las posibles consecuencias sanitarias y productivas.
A los daños directos se suma una carga burocrática que agrava el perjuicio. Tras cada ataque, el ganadero debe localizar al animal y los restos, esperar la llegada del guarda para documentar el siniestro, cumplimentar los partes y gestionar la reclamación. En ocasiones, esa espera supone una hora o más de trabajo interrumpido. Después llegan las curas diarias de los animales heridos y el esfuerzo de mantener la explotación en funcionamiento.
“Ninguna compensación económica devuelve al ganadero las horas perdidas ni elimina el desgaste de tener que gestionar un nuevo ataque cuando todavía no ha terminado de atender el anterior. El ganadero no solo pierde un animal. Pierde horas buscando los restos, esperando al guarda, haciendo trámites y curando a los heridos. Y al día siguiente puede encontrarse con otro ataque. No se puede seguir ignorando todo ese trabajo y ese desgaste”, denuncia ASAJA Ávila.









