La organización agraria reclama responsabilidades, una auditoría de los medios y protocolos del Plan Infoca y medidas inmediatas para reparar los daños sufridos por agricultores, ganaderos, selvicultores y los propios municipios afectados
ASAJA-Huelva quiere expresar su profunda inquietud y temor, así como su rotundo descontento ante las políticas forestales y de prevención de incendios desarrolladas durante las últimas décadas. Todos los incendios acaecidos en Huelva desde principios de verano de 2026 han provocado una catástrofe ambiental, económica y social sin precedentes recientes en la provincia. Hasta el momento, y sumando la superficie afectada por los distintos incendios acaecidos este verano, Huelva ha visto arder casi 50.000 hectáreas, lo que supone cerca del 5% del total de la superficie de la provincia y más del 6,5% de su superficie forestal.
El incendio de Niebla fue estabilizado el 16 de agosto, después de diez días de lucha contra las llamas. Las primeras estimaciones sitúan en más de 40.000hectáreas la superficie recorrida dentro de un perímetro de aproximadamente 210 kilómetros, aunque la cifra definitiva de terreno efectivamente quemado deberá concretarse mediante mediciones técnicas, ya que dentro del perímetro han quedado pequeñas zonas sin arder. Por su extensión, duración, violencia y comportamiento extremo, nos encontramos ante el incendio más grave sufrido por Huelva, así como en la historia reciente de Andalucía, y ha afectado directa o indirectamente a los términos y núcleos de Niebla, Villarrasa, Berrocal, Zalamea la Real, Paterna del Campo, La Palma del Condado y Escacena del Campo, en Huelva, mientras que ha avanzado también hacia El Madroño y Aznalcóllar, en la provincia de Sevilla.
Las llamas han recorrido superficies de eucaliptal, dehesa, pinar, matorral, pastizales y terrenos agrícolas, afectando a aprovechamientos forestales y ganaderos, explotaciones apícolas, recursos cinegéticos, cerramientos, caminos, conducciones de agua, instalaciones, maquinaria, arbolado y espacios de alimentación y refugio para el ganado y la fauna silvestre, por lo que la magnitud económica de estos daños todavía debe evaluarse sobre el terreno.
Reconocimiento absoluto a quienes han combatido el incendio
ASAJA-Huelva quiere trasladar su reconocimiento, gratitud y apoyo incondicional a todos los técnicos y profesionales que han trabajado durante jornadas interminables para proteger vidas, viviendas, explotaciones y patrimonio natural. Nuestro agradecimiento se dirige especialmente a los bomberos forestales y técnicos del Plan Infoca, a la Unidad Militar de Emergencias, los bomberos provinciales, agentes de Medio Ambiente, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, Protección Civil, servicios sanitarios, policías locales, trabajadores municipales, voluntarios y responsables de los dispositivos de emergencia.
Nada de lo que ASAJA-Huelva plantea sobre la planificación política, la suficiencia de las plantillas o los protocolos de actuación puede interpretarse como una crítica a estos profesionales. Al contrario: su entrega, preparación y valentía han vuelto a compensar unas condiciones extremas y unas carencias que no deberían soportar quienes se juegan la vida defendiendo el monte.
La organización considera imprescindible que cualquier análisis posterior escuche a los técnicos que estuvieron en primera línea y determine, con transparencia, qué medios se encontraban disponibles, cómo estaban constituidos los retenes, qué decisiones se adoptaron durante las primeras horas y si los protocolos de prevención, movilización y ataque inicial resultaron adecuados.
Asaja-Huelva traslada también todo su apoyo a los ayuntamientos, alcaldes, vecinos, propietarios y profesionales del campo afectados, personas que han vivido durante días con el temor de perder sus casas, su ganado, sus explotaciones y el paisaje al que han dedicado toda su vida.
La situación de Berrocal resulta especialmente dolorosa. Veintidós años después del gran incendio de Riotinto de 2004, que arrasó cerca de 30.000 hectáreas y afectó aproximadamente al 60 % de su término municipal, sus vecinos han vuelto a contemplar cómo el fuego destruía su entorno. No es admisible que una comunidad rural tenga que revivir una catástrofe de esta dimensión apenas dos décadas.
La recuperación no puede limitarse a apagar los últimos puntos calientes. Será necesario restaurar infraestructuras, pastos, arbolado y explotaciones; evitar la erosión y la pérdida de suelo; facilitar alimento y agua al ganado; recuperar la capacidad productiva del monte y sostener económicamente a quienes permanezcan en las zonas afectadas.
Un modelo forestal que ha apartado al ser humano del territorio
Para Asaja-Huelva, este desastre debe marcar un punto de inflexión. Durante demasiado tiempo se han impuesto políticas forestales ideologizadas, restrictivas y alejadas de la realidad del medio rural, construidas sobre la idea equivocada de que proteger la naturaleza consiste en reducir o eliminar la presencia y la actividad humana. Tratar de expandir una ideología ecologista por la que se culpabilice al ser humano de todo lo negativo que ocurre en la naturaleza es, sencillamente, un adoctrinamiento irracional que lleva a intentar convencer a la sociedad en general de que para conservar la naturaleza es preciso reducir el factor humano a su mínima expresión.
La consecuencia más palmaria de esta sectaria forma de pensar y legislar es que nos hagan entender que el abandono de la naturaleza y la nula gestión forestal es lo que nos conviene a todos. El resultado de estas políticas y de esta ideología es el que lamentablemente estamos comprobando a día de hoy.
Hoy tenemos un territorio rural cada vez más despoblado, con intensas restricciones en el aprovechamiento forestal y con la consecuencia de una acumulación creciente de biomasa y combustible vegetal. Allí donde desaparecen el pastoreo, la selvicultura, la extracción de biomasa, las podas, los desbroces, los cortafuegos mantenidos, la actividad agrícola y la vigilancia cotidiana de propietarios y trabajadores, el monte se vuelve más vulnerable.
La agricultura, la ganadería extensiva, los aprovechamientos forestales, la apicultura y la actividad cinegética responsable no son enemigos del medio ambiente, sino que son instrumentos fundamentales para conservar el paisaje, mantener caminos y puntos de agua, reducir la continuidad del combustible, detectar incendios de forma precoz y sostener población y empleo en las zonas rurales, a menudo desfavorecidas, garantizando así la viabilidad de nuestros ecosistemas. Es vital disponer de montes debidamente gestionados, explotaciones viables, infraestructuras preventivas operativas y personas viviendo y trabajando durante todo el año en el territorio, que es la única fórmula eficaz para prevenir los incendios.
Por ello, Asaja-Huelva exige una revisión urgente, profunda y participada de la política forestal andaluza, con presencia efectiva de agricultores, ganaderos, propietarios forestales, técnicos, bomberos forestales y ayuntamientos. Esa revisión debe simplificar los permisos para labores preventivas, recuperar el pastoreo como herramienta de control de combustible, favorecer los aprovechamientos forestales y la biomasa, mantener caminos y cortafuegos y garantizar trabajos preventivos durante todo el año.
Faltan efectivos y sobran excusas
La organización muestra además su enorme preocupación por las denuncias formuladas antes y durante la campaña por los representantes de los trabajadores del Infoca. En Huelva, los sindicatos denunciaron más de treinta contrataciones pendientes y retenes que estaban actuando con una media de cinco integrantes cuando deberían contar con siete. Incluso algún sindicato mayoritario ha elevado a más de 250 los bomberos forestales pendientes de contratación en el conjunto de Andalucía.
A juicio de Asaja-Huelva, estas advertencias deben ser aclaradas de inmediato. La extraordinaria complejidad meteorológica del incendio no puede utilizarse para eludir el debate sobre la prevención, las plantillas, los medios materiales o la capacidad de respuesta inicial. Una posibilidad sería incrementar los medios aéreos de forma suficiente para no estar dependiendo de otros territorios españoles e incluso de países vecinos.
Asaja-Huelva considera muy conveniente que, a través de una auditoría técnica independiente, se conozca el dispositivo disponible en la provincia, el cumplimiento real de las dotaciones previstas, el estado de vehículos y equipos, la cobertura de puestos y torres de vigilancia y la adecuación de los protocolos de movilización y extinción. La organización señala que las vacantes deben cubrirse sin demora y evidentemente antes de que se inicie el periodo de alto riesgo de incendio.
El eucalipto no puede convertirse en el chivo expiatorio
Asaja-Huelva considera particularmente desafortunadas e impropias del rigor que exige una catástrofe de esta magnitud las declaraciones del presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, quien afirmó que alrededor del 40 % del arbolado afectado era eucalipto, al que calificó como “árbol gasolina”, y anunció una reflexión sobre su presencia en los montes andaluces. Reducir la propagación de un incendio de comportamiento extremo a una especie forestal es una simplificación que desvía la atención de la cuestión esencial, que es la gestión del combustible existente en los montes y el estado del territorio.
El eucalipto, como el pino, el matorral mediterráneo y cualquier otra vegetación seca sometida a temperaturas extremas y fuertes vientos, puede arder y contribuir a la propagación del fuego. Pero no es técnicamente riguroso atribuirle por sí solo la responsabilidad de un incendio. El riesgo depende también de la densidad y continuidad de la masa, la cantidad y humedad del combustible, el sotobosque, la orografía, el viento, las labores selvícolas y el nivel de mantenimiento.
Las fincas forestales productivas correctamente gestionadas realizan cortas, clareos, desbroces, mantenimiento de accesos y otras labores que reducen combustible y facilitan la entrada y el trabajo de los medios de extinción. Por ello, Asaja-Huelva rechaza que se criminalice de manera indiscriminada a los propietarios y a un sector forestal que no sólo cuida y mantiene limpio el monte, sino que además genera empleo, fija población y mantiene actividad económica en amplias zonas de la provincia.
La investigación forestal reconoce precisamente la importancia de los tratamientos de combustible en las plantaciones de eucalipto. La comparación debe hacerse entre superficies gestionadas y abandonadas, no contra una especie concreta. Si la Junta pretende abrir una reflexión, deberá hacerlo con datos cartográficos, informes técnicos y la participación del sector, analizando dónde ardió el terreno, en qué estado se encontraba cada superficie y qué comportamiento tuvieron las fincas gestionadas frente a las masas sin mantenimiento.
Antes de buscar culpables entre quienes trabajan y conservan el monte, la Administración debe explicar qué gestión se ha realizado en los terrenos bajo su responsabilidad y qué actuaciones preventivas estaban ejecutadas antes del inicio de la campaña.
Evaluación de daños y exigencia inmediata de ayudas
Asaja-Huelva realizará un estudio pormenorizado de los daños ocasionados por el incendio de Niebla, siguiendo la metodología empleada en los incendios acaecidos en la provincia. El informe será trasladado a las administraciones para exigir la declaración inmediata de las zonas afectadas como Zona Afectada Gravemente por una Emergencia de Protección Civil y, cuando corresponda, como desastre natural con incidencia en el potencial productivo agrario; ayudas directas y ágiles para agricultores, ganaderos, apicultores, selvicultores y propietarios afectados, alimentación de emergencia, agua y espacios alternativos para el ganado, la reposición de las infraestructuras productivas y compensaciones por la pérdida de pastos, arbolado, madera, corcho, colmenas y aprovechamientos cinegéticos. Igualmente, se solicitarán medidas fiscales, laborales y financieras extraordinarias, actuaciones urgentes contra la erosión y para la restauración hidrológica y forestal y simplificación administrativa para acometer trabajos de emergencia y recuperar cuanto antes la actividad económica.
Hay que recordar que, tanto la Junta de Andalucía como el Gobierno central, a través de la subdelegada del Gobierno, se han comprometido a poner a disposición de los afectados todas las ayudas económicas y los incentivos fiscales para poder restaurar cuanto antes el desastre de este verano. Es penoso tener que recurrir a ayudas públicas cuando el patrimonio natural, público o privado, desaparece por una legislación errónea, si bien hay que indicar que, dada esa situación legislativa, es coherente pensar que la responsabilidad económica sea trasladada a las administraciones.

