El gusano rosado del algodón, Pectinophora gossypiella, es una de las plagas más importantes y persistentes de este cultivo. Según explica la Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía, sus larvas provocan daños directos sobre flores y cápsulas, reduciendo rendimiento y calidad.
La plaga pasa el invierno principalmente en forma de larva dentro de semillas o restos de cosecha. En primavera emergen los adultos, que depositan sus huevos sobre los órganos reproductivos de la planta y dan lugar a nuevas larvas.
Las larvas recién nacidas penetran rápidamente en botones florales y cápsulas, donde quedan protegidas de muchos factores externos. Uno de los síntomas más característicos es la formación de los llamados “farolillos”, flores cuyos pétalos quedan unidos por hilos de seda.
En fases más avanzadas, las larvas se alimentan de las semillas dentro de las cápsulas y deterioran la fibra. Esta afección puede comprometer tanto la producción obtenida como la calidad comercial del algodón, por lo que el seguimiento temprano resulta fundamental.
La Gestión Integrada de Plagas recomienda basar el control en la prevención, la vigilancia y la combinación de distintos métodos. El uso de trampas con feromonas sexuales permite conocer la dinámica de vuelo de los adultos, mientras que las inspecciones en flores y cápsulas ayudan a detectar síntomas iniciales.
Entre las medidas más eficaces figuran la destrucción de restos de cosecha, la confusión sexual mediante feromonas y el uso responsable de insecticidas solo cuando se superen los umbrales de intervención. La combinación de estas prácticas permite reducir la plaga de forma sostenible y preservar la rentabilidad del cultivo.
Fuente: ASAJA Jaén

