En los últimos 25 años, la Unión Europea apenas ha logrado que el 10 % de la energía utilizada en el transporte deje de proceder de combustibles fósiles. Ahora pretende alcanzar el 90 % restante en los próximos 25 años, lo que supone un ritmo de cambio aproximadamente doce veces más rápido que el logrado hasta la fecha. Invitada por la DG ENER a contribuir a los trabajos preparatorios de la Directiva sobre energías renovables (RED) posterior a 2030, Farm Europe, asociación de la que ASAJA es miembro, sostiene que esta ambición no puede alcanzarse sin movilizar un recurso que la UE ha pasado por alto durante mucho tiempo: sus propios agricultores, como proveedores de energía.
De hecho, parte de los avances comunicados por la UE se han quedado en el papel, a través de multiplicadores estadísticos e importaciones fraudulentas. Entre 2017 y 2023, las importaciones de los denominados biocombustibles «avanzados» del anexo IX procedentes de China se multiplicaron por siete, pasando de 400 000 a unos 3 millones de toneladas. Además, se sospecha que una gran parte estarían mal etiquetadas. Este fraude a gran escala ha perjudicado tanto a los agricultores de la UE como a las refinerías y a las inversiones, y ha distorsionado la imagen de lo que realmente se ha logrado.
Por ello, desde ASAJA, a través de Farm Europe, se ha solicitado que se aumente el límite máximo para los cultivos destinados a la alimentación humana y animal, paso a paso, mediante una revisión específica de la Directiva RED III y la futura RED IV, hasta el 10 %. Todo esto con un claro énfasis en los cultivos libres de deforestación que cumplan las normas de sostenibilidad ya integradas en la Política Agrícola Común. La condicionalidad de la PAC puede servir como criterio de elegibilidad positivo.
Más allá de impulsar los biocombustibles convencionales y avanzados, tanto líquidos como gaseosos, un objetivo del 10 % generaría entre 30 y 35 millones de toneladas adicionales de coproductos ricos en proteínas, lo que reduciría la dependencia de la UE de los productos importados vinculados a la deforestación, reforzaría la soberanía proteica europea y proporcionaría la base industrial que los biocombustibles avanzados necesitan para alcanzar finalmente la escala necesaria.
Durante la última década, la superficie dedicada a los cereales en la UE se ha reducido en unos 5 millones de hectáreas, y el Centro Común de Investigación estima que unos 20 millones de hectáreas corren el riesgo de ser abandonadas. La verdadera disyuntiva en la Europa actual no es «alimentos frente a combustibles», sino «tierras productivas frente al abandono», con el riesgo de que la UE aumente aún más sus dependencias. Para cumplir las ambiciones de la UE en materia de clima y bioeconomía se necesitarán aproximadamente 260 millones de toneladas adicionales de biomasa agrícola para 2050, es decir, un aumento del 25 % que se puede lograr mediante la innovación y la recuperación de tierras para la producción sostenible.
Desde el sector agrícola europeo y español también se insta a que la revisión en curso del Reglamento de Ejecución (UE) 2022/996 se convierta en un pilar fundamental contra el fraude relacionado con el anexo IX, y a que se definan los cultivos intermedios de una manera que resulte relevante para los agricultores de la UE, excluyendo de su ámbito de aplicación las zonas tropicales y subtropicales, siempre que las condiciones agroclimáticas no permitan una definición sólida de cultivos intermedios que se ajuste a las regiones que producen estructuralmente más de un cultivo.
Fuente: Farm Europe

