Los avances de superficies y producciones del Ministerio de Agricultura correspondientes al periodo 2020-2025 muestran una agricultura cada vez más condicionada por la climatología, la disponibilidad de agua, los costes de producción y la volatilidad de los mercados. El cereal pierde superficie, el olivar se recupera tras dos campañas críticas y nuevos cultivos como el aguacate continúan ganando terreno.
La agricultura española ha vivido durante el último lustro uno de los periodos más complejos y cambiantes de las últimas décadas. Los avances de superficies y producciones publicados por el Ministerio de Agricultura permiten observar tendencias que van más allá de una campaña concreta y reflejan cómo el clima, los mercados y la disponibilidad de recursos están transformando el sector.
Aunque estos avances son estimaciones provisionales remitidas por las comunidades autónomas y sujetas a posteriores revisiones, la comparación de las ediciones de enero ofrece una fotografía homogénea de la evolución reciente de los principales cultivos.
El cereal pierde superficie año tras año
Una de las tendencias más claras es la reducción continuada de la superficie dedicada a cereales de invierno. Trigo, cebada, avena, centeno y triticale han pasado de ocupar 5,56 millones de hectáreas en la campaña de 2021 a 5,12 millones en el avance de 2025. La pérdida supera las 440.000 hectáreas en apenas cinco campañas, una reducción cercana al 8%.
A ello se suma una enorme volatilidad productiva. La sequía hundió la cosecha de cereal de invierno de 2023 hasta los 8,7 millones de toneladas, mientras que la mejora de las lluvias permitió recuperar la producción hasta los 16,5 millones de toneladas en 2024. Sin embargo, este incremento productivo coincidió con una fuerte caída de los precios percibidos por los agricultores, lo que ha seguido estrechando los márgenes de rentabilidad del sector cerealista.
El maíz acusa la falta de agua
La disponibilidad de agua ha condicionado especialmente la evolución del maíz, uno de los principales cultivos de regadío Tras superar los cuatro millones de toneladas entre 2019 y 2021, la producción cayó hasta los 2,91 millones de toneladas en 2023, coincidiendo con los peores momentos de la sequía y las restricciones de riego. La campaña de 2024 ha permitido cierta recuperación hasta los 3,52 millones de toneladas, aunque todavía lejos de los niveles previos.
El olivar pasa de la escasez a la recuperación
Pocos cultivos reflejan mejor la influencia del clima que el olivar. Tras alcanzar 1,57 millones de toneladas en la campaña 2020/21, la producción se desplomó hasta apenas 736.000 toneladas en 2022/23 debido a la combinación de sequía y altas temperaturas. La campaña siguiente apenas mejoró, manteniendo la tensión en los mercados y provocando máximos históricos en los precios del aceite de oliva. La situación cambió de forma notable en la campaña 2024/25, cuya producción se estima en 1,32 millones de toneladas, recuperando niveles cercanos a los habituales y aliviando la presión sobre el mercado.
Una vendimia marcada por los altibajos
La producción de vino y mosto también ha experimentado importantes oscilaciones. Tras superar los 46 millones de hectolitros en la cosecha de 2020, la producción descendió hasta los 33 millones de hectolitros en 2023, una de las vendimias más cortas de los últimos años. La campaña de 2024 permitió recuperar parte del volumen perdido, situándose cerca de los 37 millones de hectolitros.
Los cítricos pierden peso
Los cítricos atraviesan una etapa de retroceso productivo. La producción de naranja pasó de cerca de 3,5 millones de toneladas en 2021 a 2,63 millones en 2023, mientras que la mandarina también ha mostrado una tendencia descendente. Aunque la campaña de 2024 registró cierta recuperación, las cifras siguen situándose por debajo de las obtenidas al inicio del periodo analizado. A las condiciones meteorológicas se suman otros factores estructurales como los costes de producción, la competencia exterior y la reducción de superficie en determinadas zonas productoras.
La remolacha resurge y el algodón sigue perdiendo terreno
Entre los cultivos industriales destacan dos comportamientos opuestos. La remolacha azucarera ha protagonizado una recuperación significativa, pasando de 2,08 millones de toneladas en 2022 a 3,76 millones en 2024, impulsada por la mejora de los precios y la disponibilidad de agua. Por el contrario, el algodón mantiene una tendencia descendente. Su producción ha caído desde las 209.000 toneladas de 2019 hasta las 119.000 toneladas de 2024, reflejando las dificultades que afronta este cultivo en Andalucía.
El aguacate continúa expandiéndose
En el ámbito de frutas y hortalizas destacan los avances de cultivos emergentes como el aguacate. Su producción ha aumentado desde niveles inferiores a las 100.000 toneladas a comienzos del periodo hasta alcanzar aproximadamente 119.000 toneladas en la cosecha de 2024. Su expansión contrasta con la evolución de otras producciones hortofrutícolas que muestran estancamiento o ligeros retrocesos.
Un campo más vulnerable e imprevisible
La principal conclusión que dejan estos cinco años es que la agricultura española se enfrenta a una creciente incertidumbre. Los años 2022 y 2023, marcados por una intensa sequía y episodios de calor extremo, provocaron fuertes caídas productivas en numerosos cultivos. La recuperación observada en 2024 demuestra la capacidad de respuesta del sector, pero también pone de manifiesto su dependencia de factores climáticos cada vez más extremos. Al mismo tiempo, la reducción de superficie en algunos cultivos tradicionales y el avance de nuevas producciones reflejan una adaptación constante a las condiciones económicas, hídricas y comerciales.
Fuente: ASAJA Jaén

