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Semilla certificada o grano propio: cómo sembrar conforme a la normativa

El agricultor puede utilizar semilla certificada o reutilizar grano de su propia cosecha, pero el uso de grano propio está sujeto a condiciones legales. ASAJA reúne las claves para hacerlo correctamente y evitar problemas.**

A la hora de sembrar cereal o leguminosas surge una duda muy práctica: ¿puede emplearse el grano de la propia cosecha o hay que comprar semilla? La normativa contempla las dos opciones, pero cada una tiene sus reglas, y conocerlas es la mejor forma de trabajar con seguridad y evitar sanciones.

Lo que sigue resume, de forma divulgativa, la información que ASAJA pone a disposición del sector. No sustituye al asesoramiento profesional ni a la normativa vigente: ante cualquier caso concreto, conviene contactar con ASAJA o con los organismos competentes.

Qué se puede utilizar para sembrar

La legislación permite emplear dos materiales:

Semilla certificada. Conviene comprobar que cada envase lleva su etiqueta azul o roja, que acredita la certificación.
Grano de la propia cosecha, que el agricultor puede reutilizar y acondicionar, siempre que proceda de su explotación.

Qué aporta la semilla certificada

La semilla certificada ofrece garantías que repercuten en el cultivo: pureza varietal, alto poder de germinación, sanidad del material vegetal —hay enfermedades que se transmiten por la semilla y no se ven—, homogeneidad, trazabilidad y una buena nascencia. Además, ya incluye el canon (royalty) destinado al obtentor de la variedad. En conjunto, supone mayor seguridad productiva.

En qué condiciones se puede reutilizar el grano propio

La normativa permite reutilizar grano de la **propia cosecha** si se cumplen, entre otras, estas condiciones:

1. Que proceda de una semilla certificada sembrada previamente.
2. Que se acondicione en centros autorizados.
3. Que se utilice únicamente en la propia explotación.
4. Que el centro de acondicionamiento facilite un albarán o factura.
5. Que ese documento sirva de trazabilidad y recoja, entre otros datos, el propietario del grano, la cantidad, la parcela de origen y la variedad.
6. Que el agricultor declare siempre la variedad correcta sembrada.
7. Y, si se trata de una **variedad protegida**, que se abone la remuneración correspondiente por los derechos del obtentor.

Guardar esta documentación es esencial: acredita que la reutilización se ha hecho conforme a la normativa.

¿Cómo saber si mi variedad está protegida?

Cada campaña se publica un listado con las variedades protegidas, que permite saber si el grano a reutilizar está sujeto a remuneración. ASAJA facilita el acceso a ese listado y orienta al agricultor que tenga dudas.

Cómo se paga la remuneración por reempleo

Cuando se acondiciona grano propio de una variedad protegida, el pago se canaliza a través del acondicionador. Este solicita la información del grano y la variedad, la anota en un registro oficial que el agricultor debe firmar y aplica la remuneración establecida: 16 euros por tonelada, calculada solo sobre el grano ya limpio. Después entrega un justificante del pago, que conviene conservar como acreditación del cumplimiento.

¿Y si preparo el grano por mi cuenta?

Si el agricultor prepara el grano con su propia máquina o hace una prelimpia con la cosechadora, la obligación de declarar y pagar la remuneración es la misma cuando se trata de una variedad protegida. En ese caso debe realizar una declaración individual —puede hacerlo en [www.reempleodegrano.com](https://www.reempleodegrano.com)—, cumplimentar el formulario, indicar la superficie sembrada con grano de reempleo de cada variedad protegida y abonar la remuneración, conservando la factura como justificante.

A dónde va esa aportación

Gracias a estos recursos financiero se puede invertir en investigación y desarrollo de nuevas variedades más resistentes a la sequía, las altas temperaturas, las plagas y enfermedades, permitiendo a la agricultura adaptarse a los desafíos del cambio climático y mejorar su sostenibilidad y competitividad. Además con esta remuneración se dispone de una partida que se destina a formación para el agricultor, a campos de ensayo sobre qué variedades se adaptan mejor a cada zona y a investigación local. La mejora genética es la que ha permitido avanzar en resistencia a plagas, adaptación al clima, calidad de las cosechas y rendimientos.

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