El precio del cordero ha alcanzado sus niveles más altos en años y España se ha convertido en el país con el cordero pesado mejor pagado de toda la Unión Europea. Detrás de esta buena noticia para los ganaderos hay, sin embargo, una realidad que conviene no perder de vista: cada vez quedan menos ovejas en el campo.
Precios en máximos: el esfuerzo del campo, por fin valorado
Los datos del último informe trimestral del Ministerio de Agricultura (junio de 2026) confirman lo que el sector lleva meses notando: el cordero está caro, y eso, para quien lo cría, es una buena noticia. El cordero lechal —el más ligero, de menos de 7 kilos— se paga ya a 1.270,90 euros por cada 100 kilos canal, un 28% más que hace un año. Las demás categorías acompañan la subida, con incrementos interanuales de entre el 12% y el 18%.
Después de años de costes disparados —piensos, energía, gasóleo— y de márgenes ajustados hasta lo imposible, los precios actuales permiten por fin que muchas explotaciones respiren y vuelvan a ver futuro en el oficio de pastor.
España, a la cabeza de Europa
El tirón no es solo nacional. En el cordero pesado, España es ya el país que mejor lo paga de toda la UE, con 1.148 euros por 100 kilos canal y una subida del 31% en un año. Por detrás quedan Francia (1.057 €), Reino Unido (982 €), Rumanía (916 €) e Irlanda (912 €). El cordero español no solo es apreciado dentro de casa: el mundo lo busca.
Buena prueba de ello es la exportación de animales vivos, que crece con fuerza hacia destinos como Argelia —hoy el principal comprador—, Portugal, Alemania o Italia. España se ha consolidado como una despensa de cordero de calidad para medio mundo.
La otra cara: menos rebaño cada año
Si el cordero sube de precio es, en buena parte, porque hay menos. En el primer trimestre de 2026 se sacrificaron un 2,7% menos de animales que el año anterior, y el consumo de carne de ovino y caprino en los hogares también ha bajado en torno a un 2%. Hay menos ovejas, menos pastores y menos relevo generacional en el campo.
Comunidades como Castilla y León (que concentra una de cada tres ovejas sacrificadas en España), Cataluña, Castilla-La Mancha, Aragón o Extremadura siguen siendo el corazón de un sector que, además de carne, sostiene pueblos, paisajes y una forma de vida que cuesta siglos construir y muy poco perder.
¿Y esto qué significa para quien compra cordero?
Para el consumidor, los precios más altos en el mercado tienen una explicación sencilla: hay menos producto y mucha demanda, dentro y fuera de España. Pero detrás de cada chuletón o cada pierna de cordero hay mucho más que un alimento.
La oveja es una de las mayores aliadas frente a los incendios: al pastar, limpia el monte de matorral y crea cortafuegos naturales. Mantiene vivos los pueblos del interior, fija población donde más cuesta y produce un alimento sano, de cercanía y con una huella difícil de igualar. Comprar cordero español es, en el fondo, una forma de cuidar también el territorio.
La lectura de ASAJA
Desde ASAJA se valora el buen momento de los precios como una oportunidad para frenar la sangría de explotaciones y dar oxígeno a los ganaderos. Pero se advierte de que ningún precio alto compensa por sí solo la falta de relevo generacional, el exceso de burocracia o la presión de los costes. Para que el cordero español siga llenando mesas —aquí y en el resto del mundo— hace falta apoyo institucional, menos trabas y un reconocimiento real al trabajo de quienes, cada día, mantienen vivo el oficio de criar ovejas.

