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El prays del olivo centra la vigilancia en los olivares andaluces tras el cuajado

El prays del olivo (Prays oleae) es una de las principales plagas del olivar mediterráneo y su generación carpófaga puede provocar daños directos sobre la cosecha al afectar a los frutos recién cuajados. Según la Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía (RAIF), el seguimiento de esta fase adquiere especial importancia desde el final de la floración y durante las primeras etapas de desarrollo de la aceituna.

Las larvas procedentes de esta generación penetran en el fruto a través de la zona peduncular y se alimentan de la semilla en formación. Como consecuencia, pueden provocar la caída prematura de las aceitunas, aunque la evolución de la plaga presenta diferencias importantes según la zona y las condiciones de cada campaña.

La Gestión Integrada de Plagas (GIP) establece que la toma de decisiones debe basarse en la monitorización y evaluación del riesgo. Para ello, se recomienda realizar un seguimiento de las capturas de adultos mediante trampas de feromonas y observar la presencia de huevos sobre los frutos recién cuajados, prestando atención a su evolución y viabilidad.

Las condiciones meteorológicas desempeñan un papel importante en el desarrollo de la plaga. Mientras que las temperaturas suaves y la estabilidad atmosférica favorecen la actividad de vuelo y las puestas, los episodios de calor intenso, baja humedad o fuertes vientos pueden aumentar la mortalidad de huevos y larvas.

Tanto la guía de la GIP como el reglamento de Producción Integrada de Andalucía señalan que las intervenciones fitosanitarias deben justificarse mediante criterios técnicos y no realizarse de forma sistemática. Antes de cualquier actuación es necesario valorar el porcentaje de aceitunas afectadas, la carga de cosecha prevista, la evolución de la plaga y la acción reguladora de la fauna auxiliar.

La estrategia recomendada pasa por conservar el equilibrio biológico del olivar, favoreciendo la presencia de enemigos naturales, manteniendo una adecuada ventilación de la copa mediante la poda y promoviendo la biodiversidad del entorno. La RAIF recuerda que el seguimiento continuo de cada parcela es la herramienta más eficaz para adaptar el manejo a la situación real de cada campaña y avanzar hacia un olivar más sostenible.

Fuente: ASAJA Jaén

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