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Igualdad rural, sin trincheras

Por Blanca Corroto, presidenta de ASAJA Mujeres

Cada 8 de marzo existe el riesgo de que hablemos solo entre convencidos. Que las mujeres rurales nos escuchemos entre nosotras. Que desde la ciudad se piense que esto no va con ellos. O que algún hombre del campo sienta que esta reivindicación es un reproche.

No lo es.

La igualdad en el medio rural no enfrenta a hombres y mujeres, ni a campo y ciudad. Es una cuestión de justicia práctica y de futuro económico. El sector agrario español es profesional, tecnificado y competitivo. Pero durante décadas muchas mujeres trabajaron en la explotación sin figurar como titulares ni cotizar por su labor. No fue siempre mala fe; fue una cultura heredada. Y lo heredado puede mejorarse.

Reconocerlo no debilita al campo. Lo fortalece.

La Ley 35/2011 de Titularidad Compartida, impulsada por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, abrió la puerta a que ambos miembros de la pareja figuren como titulares de la explotación. Es un avance indiscutible. Pero aún queda recorrido: simplificar trámites, informar mejor y normalizar esta figura como lo que es, una garantía de derechos y de estabilidad familiar.

Aquí no hablamos de ideología. Hablamos de cotizaciones, pensiones y seguridad jurídica.

Tampoco hablamos de cuotas por cumplir. Hablamos de aprovechar talento. Las cooperativas y entidades agrarias necesitan buena gestión y visión estratégica. Incorporar más mujeres a los órganos de decisión no es una concesión simbólica; es coherente con un sector que compite en mercados globales.

Y cuando pedimos guarderías rurales, transporte o servicios sanitarios cercanos, no defendemos una agenda “de mujeres”. Defendemos cohesión territorial. Los datos demográficos del Instituto Nacional de Estadística confirman el envejecimiento y la pérdida de población en muchos municipios. Sin condiciones de vida dignas, no habrá relevo generacional.

Este 8 de marzo no queremos levantar muros. Queremos afirmar algo sencillo: el medio rural será más fuerte si es más justo. No pedimos privilegios. Pedimos reconocimiento pleno y corresponsabilidad.

Invertir en igualdad rural no es una bandera ideológica. Es asegurar estabilidad económica, equilibrio territorial y seguridad alimentaria.

Y eso, vivas donde vivas, también te afecta.

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