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El Parlamento de Países Bajos acaba de votar en contra del acuerdo comercial UE- Mercosur, que la Comisión Europea concluyó, a bombo y platillo, tras 20 años de negociaciones varias veces interrumpidas. En su resolución, los parlamentarios holandeses piden al gobierno que informe al ejecutivo comunitario de que retira su apoyo al acuerdo, por sus consecuencias sobre el medio ambiente y la pérdida de competitividad de los agricultores.


No es la primera negativa que recibe este Acuerdo, ya que el Parlamento austriaco y el de la región belga de Valonia también lo han rechazado y otros países, como Francia e Irlanda, también tienen serias reticencias al acuerdo político alcanzado hace un año y que fue muy celebrado por ambas partes, especialmente del otro lado del Atlántico.

Los diputados holandeses consideran que el acuerdo podría dejar a sus agricultores en desventaja ante sus competidores latinoamericanos al competir con diferentes condiciones de precio, controles sanitarios y estándares de calidad, ya que  la prohibición de ciertos pesticidas, antibióticos, aceleradores de crecimiento o la estricta legislación europea sobre el bienestar de los animales, se aplicarían solo a los productores europeos y no a las productos que provienen de terceros países, algo que niegan las autoridades comunitarias, pero que el sector no ha dejado de denunciar.

El sector agrario europeo siempre se ha mostrado en contra de un acuerdo claramente desequilibrado entre la UE y Mercosur, donde una vez más, la agricultura será moneda de cambio en las negociaciones.

Hay que recordar que durante estos 20 años de negociación, los distintos gobiernos españoles han manifestado que este acuerdo era prioritario para los intereses económicos de España, evidentemente más enfocados en sectores industriales, financieros o de servicios y han alegado que las inquietudes de los productores agrarios se verían calmados a través de la consideración de determinados productos como sensibles, estableciendo calendarios, cuotas o contingentes de importación que neutralizarían los efectos negativos, algo que no comparten gobiernos como el de Francia o Irlanda, por ejemplo.

El proceso de ratificación del acuerdo UE-Mercosur deberá seguir un largo proceso, ya que además de conseguir el apoyo de los Parlamentos nacionales (y algunos regionales), también debe obtener el visto bueno de la Eurocámara, donde el  texto también puede encontrar la oposición de diversas formaciones.