En diez años hemos perdido la mitad del sector cunícola de la Comunitat Valenciana. Los altos costes de producción, los bajos precios en origen pero, sobre todo, el descenso del consumo de carne de conejo -en torno a un 10% anual- explican el drama silencioso de decenas de explotaciones que se ven obligadas a cerrar. Granjas en su mayoría familiares, con gran presencia de empleo femenino, que sustentan la economía de áreas interiores con riesgo de despoblamiento rural.
Da escalofrío pensar en la posible desaparición de una carne que es protagonista de joyas gastronómicas como la paella valenciana, el gazpacho manchego, el conejo escabechado o el conejo al ajillo. Y, sin embargo, cada vez estamos más cerca de perder este patrimonio culinario y cultural.
Con la finalidad de hacer frente a esta crisis de consumo, el sector cunícola está tomando la iniciativa y agudizando su ingenio. Por una parte, la industria busca formatos que acerquen el conejo al consumidor como una carne de consumo semanal, facilitando su cocinado en tiempos de prisas y ampliando su versatilidad. La pieza entera embolsada continúa siendo el formato referente en los supermercados, aunque el medio conejo troceado avanza poco a poco. En estas dos presentaciones se evidencia el choque generacional: la tradición frente a nuevas formas de consumo que no terminan de consolidarse.
Por su parte, los productores intentamos mantener instalaciones modernas, que combinan una labor delicada con una tecnología precisa, para obtener una carne de alta calidad al menor coste posible. Pero no podemos olvidar que competimos con carnes más eficientes en lo que a conversión de carne se refiere: el pollo y el cerdo principalmente. Es cierto que el conejo puede usar ciertos forrajes y residuos agroalimentarios, como la pulpa de remolacha o torta de girasol, para transformarlo en carne de alta calidad biológica con evidentes ventajas ecológicas. Aun así, no hay rentabilidad para trabajar con una calidad de vida digna.
Dentro de la nueva junta directiva de AVA-ASAJA, soy el encargado de impulsar la sectorial de cunicultura a fin de aglutinar a los productores valencianos y trasladar ante las administraciones todas las medidas de apoyo que necesitamos. Además de la parte reivindicativa, también presido a nivel nacional INTERCUN, la interprofesional que une a los distintos eslabones de la cadena y que está centrada, naturalmente, en sostener el consumo y respaldar al sector frente a los múltiples desafíos técnicos y burocráticos.
Gracias al apoyo de fondos públicos, la interprofesional lleva a cabo su última campaña de promoción, bajo el nombre “Abuelos Influencers”. La idea es sencilla: nuestros abuelos son nuestra inspiración. En general tienen mejores hábitos nutricionales, cocinan más y mejor que los jóvenes, y consumen mucha más carne de conejo que sus hijos y nietos. Saben cómo cocinarla y sacar el alma a una carne que, posiblemente, sea la mejor de todas.
En unos tiempos en los que las dietas proteicas gozan de gran aceptación, la carne de conejo encaja perfectamente en esa tendencia: es rica en proteína de alta calidad, muy baja en grasa y calorías. Sus virtudes nutricionales son de sobra conocidas. Así que los más jóvenes, que la han olvidado de su cesta de la compra, pueden incorporarla para ganar en salud. Queda la esperanza de que, con reivindicación, esfuerzo publicitario y unión estratégica, logremos sustentar a un sector tan nuestro, con una carne tan sana y con una actividad económica tan necesaria para el medio rural.

Artículo de opinión
Iván Alcalá García
Responsable de cunicultura de AVA-ASAJA
Fuente: AVA-ASAJA
