USDA, Departamento de Agricultura de los Estados Unidos
16 - 12 - 2011
Buenos días a todos, Es un placer estar aquí con los estudiantes de esta facultad, el Centro de la Universidad Agrícola China para las Ciencias tiene una gran tradición y una larga historia de éxitos. Gracias a la calidad de la educación y formación que recibís aquí, sé que los estudiantes de esta sala llegarán a ser líderes en agricultura, en el gobierno, en el mundo empresarial, y en las universidades de toda China.
Quiero agradecer a la Universidad por organizar este evento, como también al Departamento de Agricultura en Beijing por disponer mi visita. Estoy aquí porque reconozco la importancia de mantener una fuerte relación entre nuestras naciones y las posibilidades de asociarnos en agricultura, comercio, investigación y educación en los próximos años. Espero pasar tiempo aquí y fortalecer nuestros vínculos en el futuro.
Actualmente, el comercio de productos agrícolas entre nuestras dos naciones es importante y aumenta muy rápidamente. Sin embargo, la relación EE.UU-China va más allá de agricultura y comercio. Nuestro respeto mutuo y conexión en una serie de asuntos ha contribuido a la prosperidad de nuestros países.
Como dos grandes naciones, con grandes economías agrícolas, nos complementamos y tenemos una capacidad tremenda para construir un mundo mejor. También tenemos la responsabilidad – y la oportunidad – de trabajar juntos para tratar la hambruna del mundo.
Algunos de ustedes pueden estar familiarizados con las estadísticas. En el planeta, se estima que 925 millones de personas padecieron hambruna o desnutrición el año pasado. Una cuarta parte eran niños. Aunque esta cifra es mejor que la de 2009, todavía es inaceptablemente alta.
Donde el hambre es más dominante, en la África Sub-Sahariana e incluso en sus estados vecinos de Mongolia, India y Corea de Norte, la desnutrición crónica y las deficiencias vitamínicas pueden conducir al retraso en el crecimiento y hacer a los niños más sensibles a las enfermedades. En los países en desarrollo muere un niño cada cinco segundos por malnutrición o causas que se relacionan.
Proporcionar alimento a todos es ante todo un asunto moral. Nadie debería ir a dormir hambriento – en especial los niños. Pero su impacto es mucho mayor.
No importa donde vivan, los niños solo desarrollarán su potencial total si tienen acceso regular a los alimentos. Dar a un niño la oportunidad de un futuro más brillante y más productivo afecta no sólo al niño de forma individual, sino a la comunidad donde el niño crece, el país donde vive y al mundo entero.
Trabajar para alimentar a las personas hambrientas proporcionará unos increíbles beneficios económicos en todo el planeta. Millones de personas abandonarán la pobreza, aumentará la estabilidad política en regiones golpeadas por los conflictos y la miseria, y situará a estos países en un sendero hacía una futura prosperidad.
Por eso alimentar al planeta no sólo es un reto para nuestras naciones. Es un reto para la clase humana. Nuestros objetivos están claros: disminuir el número de personas hambrientas incrementado la disponibilidad y accesibilidad de alimento nutricional a la gente de todo el mundo.
Durante décadas, la ayuda alimentaria ha sido la principal herramienta internacional en este esfuerzo. Su gobierno ha incrementado el apoyo y donaciones de alimentos a las naciones en desarrollo. Esta ayuda de emergencia juega un papel importante en la prevención del hambre y debe de continuar.
La ayuda alimentaria sola no es suficiente. Debemos ayudar a las naciones a producir su propio suministro de alimentos mediante el fortalecimiento de la agricultura en todo el mundo.
El Presidente de América, Barack Obama, estableció el punto de referencia para este enfoque cuando dijo, “la verdadera señal de éxito no es ser fuente perpetua de ayuda para que sobrevivan sino en ser sus socios para construir la capacidad de cambio y transformación”. Yo también creo que necesitamos de cambio y transformación para establecer la seguridad alimentaria en el planeta.
Su nación ejemplifica esta transformación. Una hambruna de 1958 a 1961 – tres años de desastres naturales- se cobró la vida de millones de sus compatriotas.
Actualmente, China se ha convertido en una nación que no sólo se alimenta a sí misma, sino también al resto del mundo. Es el principal exportador de frutas, verduras, ajo, marisco y otros productos agrícolas. En este proceso, 300 millones de sus compatriotas han salido de la pobreza.
Debemos ayudar a otras naciones a realizar el mismo cambio, aumentando tanto la sostenibilidad como la productividad de la agricultura global. El crecimiento de la población mundial significa que tenemos que incrementar la producción agrícola en un 70 por ciento para 2050 y poder alimentar a 9.000 millones de personas que habitarán la tierra.
Nuestro éxito no está garantizado. Los agricultores y ganaderos debemos hacer frente a la incertidumbre del cambio climático y a las restricciones de los limitados recursos hídricos. Tengo fe en que vuestra generación – los científicos, políticos y agricultores – consigan estos retos.
Los agricultores – en particular – son capaces de logros extraordinarios. En América, en los últimos 100 años, nuestros agricultores nos ayudaron a conducir una producción de subsistencia a una industria agrícola que nos convierte en uno de los mayores exportadores de alimentos del mundo. Vuestros agricultores y productores están disfrutando ahora de un aumento en la producción.
Esta evolución no fue pre-ordenada. Los agricultores fueron cambiando y adaptándose a nuevas ideas y prácticas para ser más competitivos. Estas nuevas tecnologías emergieron de la imaginación y de un duro trabajo de nuestros científicos.
El mismo enfoque funcionará mundialmente si adherimos tres estrategias básicas. Nuestra primera estrategia debe ser que la solución a la seguridad alimentaria mundial reside en la innovación, resultante de la investigación y desarrollo.
Ahora, una mejor comprensión de la genética está otra vez cambiando lo que cultivamos, como y donde. Mejorando la predicción y acelerando los resultados de los cultivos de plantas, el mundo está encontrando nuevas variedades que resisten pestes y sobreviven a nuevas enfermedades, prosperan en el calor y crecen en suelos salinos y tóxicos.
Esta necesaria e importante investigación agrícola está aconteciendo en todo el mundo. En África y oriente Medio debemos combatir un hongo devastador llamado Ug-99 que tiene el potencial de amenazar los cultivos de trigo que alimentan a 1.000 millones de personas. Asociado con investigadores de Kenia, China y otras naciones, el Departamento de Agricultura de los EE.UU está usando la genética para ayudar a encontrar variedades de trigo resistentes al hongo.
En el Centro de Investigación Internacional de Arroz en Filipinas, investigadores de todo el planeta ayudaron a desarrollar una variedad de arroz resistente a las inundaciones que se cierra durante la inmersión de la planta para reanudar su crecimiento después. Esto es un importante paso adelante para transformar la producción de arroz en zonas propensas a inundaciones.
Nuestra investigación debe seguir también una segunda estrategia: la solución de la seguridad alimentaria mundial no necesita y no debería sacrificar esfuerzos para conservar nuestros recursos naturales y cuidar nuestro medioambiente.
Es por esto que los científicos trabajan en tecnologías y métodos para usar el agua más eficientemente, mejorar la conservación del suelo, e incrementar la productividad del suelo. Ustedes pueden entender esto. Algunos científicos chinos están particularmente interesados en continuar aumentando la producción de grano a pesar de la posibilidad de la escasez de agua y de una estable o disminuida área de tierras de cultivo. En los últimos años, Su gobierno ha aumentado la inversión en investigación agrícola.
Este año, su nación también dio un paso para hacer frente al cambio climático global uniéndose a los EE.UU y a 30 naciones en la Alianza de Investigación Global sobre Gases de Efecto Invernadero en la Agricultura. Esta importante asociación coordinará inversiones e investigación para reducir las emisiones de la agricultura y ayudar a mitigar la amenaza global del cambio climático.
Como avanzamos con estos principios para alimentar al mundo, tanto China como los EE.UU somos afortunados de tener una gran tradición de investigación agrícola innovadora que desarrollar. Por ejemplo, algunos de los avances más importantes del último siglo fueron descubiertos por un científico americano llamado Dr. Norman Borlaug.
Norman Borlaug nació en una pequeña ciudad en mi estado natal de Iowa. El creció durante unos de los tiempos económicos más difíciles a los que América se ha enfrentado. Después de ver tanta hambre alrededor suyo, decidió dedicar su vida a los problemas de producción de alimentos.
En Méjico, su investigación le llevó a conseguir una variedad de trigo más productiva que se podía cultivar en toda clase de condiciones y que también era resistente a enfermedades comunes. Este trigo se adaptó a Méjico muy rápidamente, ayudando a producir suficiente alimento para sustentar a su creciente población.
Por esto mismo, en India y Paquistán se le acredita al Dr. Borlaug haber salvado a cientos de millones de personas de morir de hambre, y por este trabajo fue premiado con el Nobel de la Paz.
El Dr. Borlaug entendió el valor de la investigación agrícola mejor que nadie. Hacía el final de su vida, decidió que la investigación agrícola merecía su propia distinción anual y por eso ayudó a fundar el Premio de Alimentación Mundial. Durante los últimos 25 años, este premio ha distinguido a la investigación científica, a los políticos y otros líderes que combate el hambre.
Ha habido dos beneficiarios chinos de este prestigioso premio. El antiguo Ministro de Agricultura, He Kang, fue reconocido por su liderazgo y apoyo a las reformas, investigación y educación que llevaron a un increíble aumento en la productividad de los agricultores chinos. El Profesor Yuan Longpin – conocido como “el padre del arroz híbrido” – fue premiado por su importante investigación que mejoró los campos de arroz en más del 20 por ciento.
Espero que todos ustedes continúen esa tradición. Porque para construir sobre los logros que hemos conseguido en la productividad agrícola en todo el mundo, necesitamos continuar avanzado, y necesitamos gente joven como ustedes que dediquen sus vidas a este trabajo.
Quizás haya otro Norman Borlaug o un futuro beneficiario del Premio de Alimentación mundial en esta sala hoy. Alguien que trabajará duro, perseguirá sus sueños y dará los siguientes pasos en la investigación innovadora que necesitamos para apoyar a los agricultores en su trabajo y alimentar el mundo. Quizás esa investigación podría tener lugar justo aquí en la Universidad Agrícola de China.
La tercera estrategia para la consecución de la seguridad alimentaria mundial reconoce que nuestros esfuerzos deben centrarse en las necesidades identificadas por países concretos, regiones y agricultores locales. Ni los EE.UU ni China debería dictar soluciones – Debemos trabajar en colaboración.
Toda la comunidad global debe trabajar unida, aprovechando los recursos para apoyar a los agricultores y fortalecer la agricultura en los países y regiones. Nadie sino los agricultores y ganaderos pueden producir los alimentos que sustentan al mundo.
Por eso para abastecer la demanda futura de alimento, debemos ayudar a los agricultores a adoptar la última tecnología en semillas, mejorar sus sistemas de riego y sus técnicas de gestión animal y de tierra. Debemos ayudarles a aplicar apropiadamente los fertilizantes, pesticidas y herbicidas cuando se necesiten. Para asegurarnos que una buena cosecha no se pierda debemos desarrollar infraestructuras locales como carreteras y almacenamientos en frio. Para pasar los beneficios al agricultor y su nación, debemos fomentar los vibrantes mercados locales con información trasparente y mejorar los servicios financieros.
La agricultura, incluso con las modernas prácticas y tecnologías, es impredecible, por eso debemos asegurar el flujo de alimentos a las regiones golpeadas por desastres naturales como inundaciones o sequías. Eso significa fomentar el comercio internacional, ayudarles a regular la seguridad de su alimento, y así los productos nutricionales podrán alcanzar los lugares donde se necesitan.
Desde que el Presidente Obama fue elegido, el gobierno de los EEUU ha trabajado duro para seguir todas estas estrategias. Mediante nuestra iniciativa de Alimentar el Futuro, nos centramos en elevar la productividad y los ingresos de los pequeños agricultores en regiones concretas de 20 países. Estamos reuniendo las capacidades de múltiples partes del gobierno de los EEUU – como también otros socios internacionales, privados y no gubernamentales – para conseguir investigar y construir capacidad local.
En Bangladesh, USDA y otros socios estamos trabajando con asociaciones de agricultores locales para ayudar a familias en la práctica de la acuicultura para ser más productivos. Los agricultores han recibido formación sobre como aumentar su producción de camarones, además de pescados. Muchos también empiezan a cultivar verduras sobre tierras de barbecho próximas a existentes estanques de peces. Esto ha ayudado a los agricultores a doblar sus ingresos, y también proporciona el suministro de verduras saludables que están mejorando la nutrición de las familias en la región. Para hacer sostenibles estas prácticas, el proyecto ha trabajado para establecer criaderos de camarones y medidas de comercialización.
Pero la batalla para mejorar la agricultura debe ser un esfuerzo global, y en los últimos años la comunidad mundial está mucha más comprometida. En 2009, los líderes del G-8 se comprometieron a aumentar la asistencia internacional para el desarrollo agrícola a 20.000 millones de dólares americanos. El asunto continuó el año pasado entre los ministros de Agricultura de las naciones del G-20 y se discutirá el próximo año en la conferencia sobre desarrollo sostenible de las NU (Naciones Unidas) en Brasil.
Esto debe ir más allá de compromisos financieros. Este esfuerzo internacional debe abarcar la asociación y la colaboración. Los EEUU y China pueden y deberían liderar la comunidad mundial para alcanzar el reto de la seguridad alimentaria, especialmente mediante un compromiso de investigación.
En 1979, el primer acuerdo bilateral firmado entre nuestras naciones fue un compromiso de cooperación en ciencia y tecnología. Las últimas colaboraciones entre USDA y su Ministro de Ciencia y Tecnología se han centrado en temas de seguridad alimentaria, mejora del suelo, producción sostenible de biocarburantes y el intercambio de material fitogenético. Este año se renovó el acuerdo de asociación que nos recuerda que nuestras dos naciones deben continuar estos importantes intercambios sobre investigación agrícola. También tenemos un Programa de Cooperación Científica con el ministro de Agricultura de China. En los últimos treinta años, más de 2.150 científicos chinos y americanos ha participado en este programa, ayudando a desarrollar importantes intercambios técnicos.
La educación presenta otro lugar importante para la colaboración. Sé que su Universidad se ha asociado con la Universidad Estatal de Americana de Carolina del Norte, Los estudiantes han viajado en ambas direcciones para buscar nuevas oportunidades educativas. Espero que se beneficien de estos intercambios que deberían fomentar nuevas ideas y pensamientos innovadores que ayuden a crear la próxima generación de líderes mundiales en agricultura.
En los próximos años, debemos continuar trabajando juntos para tratar la seguridad alimentaria. Ayudando a los países y agricultores a conseguir el desarrollo agrícola con sentido económico y moral. Nuestras naciones son vibrantes socios comerciales, una relación que beneficia a los ciudadanos de ambos países.
Ayer, me reuní con varios líderes importantes de la agricultura china, incluyendo el Ministro de Agricultura y el Ministro de Ciencia y Tecnología. Renovamos nuestros compromisos en nuestros existentes programas de cooperación y discutimos sobre cómo usar mejor nuestros recursos para hacer frente a los retos actuales. Ahora, más que nunca, es importante que los EEUU y China trabajen juntos como verdaderos compañeros y usar nuestros conocimientos y experiencia para abordar los desafíos mundiales en materia de seguridad alimentaria, suficiencia alimentaria y agricultura sostenible.
Con la educación de la Universidad, cada estudiante en esta sala tiene la oportunidad de ayudar en este esfuerzo. Espero que yo pueda contar con muchos de ustedes para comprometerse con este trabajo, con impacto en su nación y en todo el mundo. La economía del mundo, la estabilidad política, y la prosperidad de nuestras dos naciones dependen del logro de estos desafíos.


















